Usted tiene el control
El consentimiento informado, firmado desde el teléfono
Ningún tratamiento empieza sin el consentimiento informado, y en casi todas las clínicas sigue siendo una hoja impresa que se firma en recepción con prisa y acaba en una carpeta. Cuando hace falta enseñarlo, hay que buscarlo.
En ClaudIA el texto se escribe una vez —qué se hace, qué riesgos tiene, qué acepta el paciente— y se asigna a los tratamientos que lo piden. Desde la ficha del paciente se prepara el suyo, ya con su nombre, y se le manda el enlace por WhatsApp. Lo abre con los cuatro últimos dígitos de su teléfono, lo lee y lo firma con su nombre y una casilla.
Lo que queda guardado no es un «aceptó»: es el texto tal y como lo leyó, con su versión y su huella, la fecha, la hora, la IP y el navegador. El PDF se genera cuando hace falta. Si el texto cambia, sube de versión y lo ya firmado sigue valiendo para lo que se firmó.
Y las fotos de antes y después: las que el paciente manda por WhatsApp se marcan y quedan en su ficha, por fecha. En una clínica esas fotos son dato de salud, y por eso no se guardan sin un consentimiento firmado de esa persona: lo comprueba el sistema, no la memoria de nadie.
Cómo funciona
- Se escribe el consentimiento en Servicios y se asigna a los tratamientos que lo piden.
- Desde la ficha del paciente se prepara y se copia el enlace privado, que caduca a los 30 días.
- El paciente lo abre con los cuatro últimos dígitos de su teléfono, lo lee y lo firma desde su teléfono.
- El PDF, con el texto exacto y su huella, se saca desde la ficha; las fotos se marcan como «antes» o «después».
El paciente tiene el tratamiento el jueves. El miércoles la clínica le manda el enlace por WhatsApp; él lo lee en casa, con calma, y lo firma en un minuto. El jueves, en recepción, no hay ningún papel que buscar: el consentimiento está en su ficha, con la hora exacta en que lo firmó.
ClaudIA agenda, recuerda y prioriza. Nunca valora síntomas ni opina sobre el caso de un paciente: las decisiones clínicas son del doctor.